Una de las consecuencias más preocupantes de la polarización política que sufre Colombia no es solamente la distancia cada vez mayor entre quienes piensan distinto. Lo verdaderamente grave es la ceguera intelectual que produce el fanatismo.
El terremoto del pasado lunes 10 de agosto no solo convirtió en escombros edificios y viviendas; sacudió conciencias, despertó temores y quebró, una vez más, la confianza de los colombianos en la capacidad del Estado para protegerlos cuando más lo necesitan. Volvió a poner sobre la mesa una pregunta incómoda que Colombia parece incapaz de resolver. ¿Qué pasará con los recursos destinados a atender esta emergencia?