Colombia llega este domingo 31 de mayo a una de las elecciones presidenciales más complejas, emocionales y polarizadas de su historia reciente. Y quizás la principal conclusión antes de abrir las urnas es una sola: en esta primera vuelta no habrá un ganador político claro. Habrá, sí, un reacomodo de fuerzas, dos sobrevivientes rumbo al balotaje del 21 de junio y un país todavía más dividido frente a su futuro inmediato.
La palabra democracia goza de un prestigio casi universal. Pocos sistemas políticos se atreven a rechazarla abiertamente. Sin embargo, ese mismo prestigio ha hecho que el término se estire, se vacíe y, a veces, se pervierta. De esa distorsión nace el democraterismo: una forma degradada que conserva la apariencia de la democracia, pero que abandona su esencia. Distinguir entre ambas no es un ejercicio académico. Es la diferencia entre un gobierno del pueblo y un gobierno que usa al pueblo.