A pocos días de que se abran las urnas para la primera vuelta presidencial el panorama es francamente desalentador empeorado por una ostensible crispación. En el trasfondo gravita el ocaso de un gobierno sin grandeza que no orientóa su pueblo hacia la reconciliación por sendas de laboriosidad, salubridad, seguridad, educación y concordia. Por el contrario, uno de los principaleslegados de Petro es entregar un país profundamente dividido y altamente ideologizado. Tanto así que en la campaña presidencial estamos a punto de cruzar un peligroso punto de no retornopor estarnos perdiendo en confrontaciones verbales e incluso físicas absurdas, centradas en personas y proyectos ideológicos que miran el país desde la estrecha visión de las heridas de su propia vida. Se ha conformado así un contexto maniqueísta donde más que ideas o propuestasafloran emociones que dan pie a una tóxica polarización contraria a todo propósito común. Lo cierto es que los ciudadanos de a pie estánpadeciendo los efectos disolventes de una política sin la grandeza que convoque a la esperanza y la reconciliación.
Dedicar tiempo y espacio a hablar de la mentira en la política en busca de la reflexión ética y de la toma de conciencia para que los políticos no lo hagan y la sociedad lo sancione, parece insulso porque muchos políticos y periodistas no miden el costo ético de mentir, porque es superior la utilidad electoral de hacerlo, y no hay sociedad racional que lo rechace y lo castigue.