Por: Luis Pérez Gutiérrez

La Minería es riqueza y esperanza; pero el Gobierno la ha dejado convertir en miseria humana, ausencia de estado, violencia, ilegalidad y destrucción ambiental. La Minería parece La Agonía y el Éxtasis. El Éxtasis, es el esplendor para los que se llevan las riquezas; y La Agonía, es el inframundo para los territorios y las comunidades sin nada.

En la Minería hay Mitos y Demonios. La Buena Minería y un Buen Gobierno tienen que exorcizar esos demonios; de lo contrario, nadie creerá en el engañoso y esplendoroso espejo de la minería.

DEMONIO UNO. EL PARAESTADO DE LA MINERIA.

La minería crea infiernos de inequidad, ilegalidad y violencia. La riqueza de la minería no logra formar comunidades sanas, educadas, en paz y con futuro esperanzador; va de la mano con la miseria humana. En los territorios mineros hay pobreza, ilegalidad, paramilitares, guerrilleros, prostitución, brujos, medio ambiente arrasado, ignorancia. Pueblo de mina, pueblo de ruina, se dice!

La minería es la mejor fuente de financiación de bandas criminales. Las Farc, el ELN y las Bandas Criminales tienen cooptada la minería y suplantan al Estado. Y hasta expiden permisos oficiales reemplazando a las Corporaciones ambientales, que guardan silencio y aceptan ese Paraestado de La Minería que gobierna con libertad en esos territorios; El Gobierno y las autoridades han sido incapaces de regular y controlar la economía minera.

DEMONIO DOS. EL AGUA: LA GRAN VÍCTIMA DE LA MINERÍA

El agua en las zonas mineras está en amenaza de extinción. Las fuentes de agua, otrora caudalosas y cristalinas, hoy se ven secos, turbios, agotados, o contaminados. El Oro puede agotarse, el agua es insustituible para la vida. Y, donde hay oro de aluvión el agua siempre termina escasa, contaminada, venenosa para el consumo humano. El agua en las zonas mineras es vergüenza humana.

Foto: Manuel Saldarriaga Quintero

DEMONIO TRES. EL MERCURIO DE LA MINERÍA SIGUE MATANDO.

Usar mercurio en la extracción del oro fue prohibido en 2018. Aun así, el Estado ha sido incapaz de eliminar su uso. La minería sigue usando de una manera ilícita, el mercurio en 26 de los 32 departamentos. La zona más afectada de mercurio en Colombia es el Bajo Cauca Antioqueño.

Ya el Gobierno no hace estadísticas del consumo de mercurio, porque está prohibido y asume que ya no se usa. Es como como no tener estadísticas de asesinatos porque son prohibidos. Fuentes no académicas, pero ilustradas, estiman que en Choco, Antioquia y Bolívar, que tienen el 88% del territorio de Minería de aluvión ilegal de Colombia, se derraman al agua y al aire, cerca de 50 toneladas de mercurio cada año, cuyo origen es el contrabando con México. Bajo Cauca puede ser la zona más contaminada de mercurio del mundo

El Mercurio, que no se degrada ni desaparece, contamina los ríos y el aire, y tiene una memoria ambiental muy larga, entre 50 y 100 años. Se acumula en peces y entra a la cadena alimenticia. Daña el cerebro de los niños y los fetos durante el embarazo. Ataca el aire y los ecosistemas. El Estado ha fracasado en la erradicación del Mercurio en la minería del oro. El Mercurio no es un espanto, es un verdadero demonio.

DEMONIO CUATRO. LA MINERÍA ES INVASORA E IRREVERENTE. ACAPARA TERRITORIOS QUE NO CONTROLA, NO COMPRA, NO CUIDA.

Las licencias mineras se adjudican y cubren territorios excesivamente grandes que las empresas mineras no son capaces ni de controlar, ni de explotar, ni de darle seguridad, ni de comprar las tierras, ni de proteger y reubicar a los mineros ancestrales que llevan más de 100 años trabajando en los territorios concesionados, ni tratan con juicio el medio ambiente. Es tan grande la riqueza de oro en el área del Bajo Cauca que hay licencias abarcan más de 40.000 hectáreas; Más grande que todo Medellin, que son 37.640 hectáreas. Los dueños de los títulos mineros deberían estar obligados a comprar el área minera que solicitan y responder por la integridad de ese territorio.

DEMONIO CINCO. LA MINERÍA DEJA CICATRICES INCURABLES

Todas las Tecnologías y las industrias han evolucionado. Antes una operación médica era prácticamente salvaje: Dejaba cicatrices en la piel con grandes riesgos de infección y heridas azarosas. Ya hoy, La medicina puede operar sin afectar la superficie ni el interior. La operación de la Minería no evoluciona, es una extracción casi salvaje. La superficie se llena de cicatrices al igual que su interior. Deja cicatrices ambientales arrasadoras.

DEMONIO SEIS. LA MINERÍA NO HACE CIERRES TÉCNICOS. ABANDONA LAS MINAS CUANDO EXTRAE LA RIQUEZA.

Cuando a una mina le extraen su riqueza, en Colombia no se hace un cierre técnico, la mina se abandona, y dejan, eternos, todos los problemas ambientales a las comunidades y al Estado. LAS MINAS NO SE CIERRAN TECNICAMENTE, SE ABANDONAN.

DEMONIO 7. EL GOBIERNO NO SABE QUÉ MINERÍA TIENE

Para gobernar es necesario conocer con certidumbre los hechos. La Minería, que es tan degradante del medio ambiente, tan amenazante a la vida de la gente, tan creadora de ilegalidad y de violencia, es urgente gobernarla.

En el último estudio nacional de explotación de Oro de Aluvion EVOA (2022), en Colombia hay 94.733 hectáreas en explotación activa, y de esas, el 73%, 70.000 hectáreas son explotación ilícitas. En Chocó hay 37.841 hectáreas en explotación y el 90% son ilícitas. En Antioquia hay 35.332, de las cuales 24.700 hectáreas, el 70%, son explotación ilícita. Fuentes no académicas informan, que en el solo Rio Nechi hay más de 300 dragones, Dragas Gigantes brasileras, “ilegales”, que trabajan 23 horas dia, y cada dragón extrae cerca de 20 kilos de oro mensual. Opera con 43 personas con salario promedio de $9 millones de pesos. Pagan a las bandas criminales el 10% del oro extraído y $10 millones mensuales por parqueo en el río. Cada kilo de oro vale $400 millones. O sea que, que cada mes, las 300 dragas extraen en oro $2.4 billones de pesos. Las Bacrim reciben cerca de $200.000 millones mensuales por extorsión. Las Bacrim reciben más dinero que el presupuesto de todos los municipios de la zona. Nada es declarado, nada es oficial y el oro sale muy fácil del país. El Estado no sabe qué minería tiene.

La acción de Gobierno y de las corporaciones ambientales ha sido ineficaz e inútil. El Gobierno debería crear el programa La Revolución de la Legalización Minera para que ilegales e informales trabajen dignamente, respeten el medio ambiente, sin violencia, y declarando y pagando tributos a los municipios para el progreso social. Si hoy le pagan a las bandas criminales, mucho mejor que le paguen a los municipios.

La Minería debería ser la locomotora del Progreso, pero el Gobierno la ha dejado convertir en la locomotora de la desolación.“