La corrupción es abominable en todas sus dimensiones. La Corrupción es tan dañina para la sociedad como cualquier acto de violencia o terrorismo. Se fundamenta en el inaceptable principio que vale más el dinero que la norma.
Hay dirigentes decentes que luchan contra la corrupción pero hay muchos otros que se autodeclaran pregoneros de la honestidad para ocultar su pasado fangoso. Y en los últimos años, se han puesto de moda, políticos que con hipocresía ondean la bandera de la honestidad para obtener aplauso popular. Por aquí, denigrar de la corrupción parece ser más un gran negocio, que un gran propósito.
Los resultados contra la corrupción son irrisorios. Si alguien ha engañado a Colombia son los dirigentes que predican la lucha contra la corrupción. Muchos gobernantes llegan al poder con el ofrecimiento de acabar con la corrupción, pero en lugar de erradicarla la han incrementado de una manera escandalosa. La anticorrupción no es en esencia un programa de gobierno, tiene que ser un principio inviolable del gobernante.
Transparencia Internacional acaba de certificar que, en Corrupción, Colombia va como el cangrejo.
En Alemania, en 2009, Transparencia Internacional ubicó a Colombia en índice de corrupción a nivel mundial en el vergonzante puesto 75.
Pero mirando la historia, la cosa es más grave. En 1999, Colombia ocupaba el puesto 72 en el mundo. En el 2001, mejoró al puesto 51. En el año 2006 aumentó en corrupción el puesto 59. Y así siguió aumentando, ocupando en el 2007 el puesto 70. Y en el 2009, el puesto 75. Es una señal que gobernantes de los últimos años han acelerado la corrupción.
Cuántos alcaldes, gobernadores y presidentes han sido elegidos con la única consigna de derrotar la corrupción! Pero gobiernan, y en el país cada día más corrupción.
La Sociedad tiene que levantarse para preguntar con más exactitud: ¿quiénes son los corruptos? ¿Dónde están los corruptos? Los verdaderos corruptos se mantienen agazapados, desviando la atención para facilitar su tarea, acusando a gente inocente, para ellos seguir capturando con hipócrita elegancia todas las riquezas del Estado.
Colombia parece un territorio de corrupción con corruptos invisibles.
La Contraloría de la Nación dice que quienes mueven la corrupción son empresarios y que en los grandes casos de corrupción siempre hay una decisiva participación de empresarios. En corrupción la hipocresía se ha pasado de abusar. Las élites que capturan el estado son sobresalientes conferencistas sobre ética y decencia.
Debe quedar claro que los corruptos no son los pobres. La Corrupción es una práctica de élite. Y por ser una práctica de poderosos, han logrado crear un velo que oculta a los corruptos que se pasean por los pasillos del poder. Y como los corruptos no son los pobres, no existen normas que castiguen con severidad a los promotores de la corrupción.
Cada año la corrupción carcome un punto del PIB, carcome $4.000 millones de millones de pesos. Ante semejante descalabro nacional, debería aprobarse una ley que declare como terrorista social a socios y a empresas que se descubran promoviendo la corrupción. Se les debe castigar a empresa y a socios con la prohibición de por vida de contratar con el Estado.
Se necesitan empleados públicos sin bolsillos pero ante todo empresarios de manos limpias. Colombia tiene que correr el velo de la corrupción para descubrir los rostros de los poderosos involucrados en la captura del Estado.
Con la corrupción acontece lo mismo que con la prostitución. En la corrupción el Empresario usa al político, le paga, satisface su deseo, lo deshonra y luego sigue dictando clases de ética en los grandes salones de la sociedad.






























