A quienes aspiran a alcaldías, gobernaciones, asambleas departamentales, concejos municipales y distritales y Juntas Administradoras Locales en las elecciones territoriales de octubre de 2027, la democracia, la decencia y la responsabilidad política les hacen una invitación: ¡háblenles a los ciudadanos de sus propuestas, no de sus odios!

Colombia no necesita más políticos dedicados a demostrar cuánto detestan a sus contradictores. Necesita líderes capaces de demostrar cuánto les importa satisfacer las necesidades de sus comunidades.

En lugar de amenazas, descalificaciones y símbolos de agresividad, los colombianos necesitan proyectos que resuelvan sus problemas; programas que generen oportunidades; políticas públicas que garanticen derechos, promuevan la equidad, mejoren la seguridad y contribuyan al bienestar general de los habitantes de cada municipio, distrito y departamento.

Un ejemplo de la invitación que hacen la democracia, la decencia y la responsabilidad política es el concejal de Medellín por el partido Centro Democrático, Andrés “El Gury” Rodríguez: Su iniciativa de promover un proyecto de acuerdo para avanzar en la legalización de asentamientos humanos irregulares y la formalización de la propiedad inmobiliaria plantea una discusión concreta, respetuosa, digna y responsable sobre soluciones para muchas familias, diferente a la del desalojo inhumano, por la fuerza y sin solución de futuro, que ha liderado la Alcaldía de Federico Gutiérrez. Esa es una propuesta más ganadora y constructiva que la de blandir un bate amenazante y, aunque ésta tiene seguidores emocionales y sin criterio, aquélla responde a la lógica de las necesidades y debería ser más agradecida con réditos electorales.

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La de “El Gury” Rodríguez es una oportunidad para hablar de vivienda, de seguridad jurídica y bienestar de muchas familias.

Ese tipo de iniciativas permite debatir soluciones, evaluar su viabilidad y examinar sus beneficios para la comunidad. Porque la política no debería medirse por la capacidad de intimidar al contrario, sino por la capacidad de transformar positivamente la vida de los ciudadanos.

Pero esta invitación no es solamente para los precandidatos. Es, especialmente, para los ciudadanos, que tendrán en sus manos la responsabilidad de elegir. Les toca a ellos, los electores, empezar responsablemente consigo mismos, sus familias y la sociedad, en general, por no confundir la agresividad con el liderazgo, los insultos con la valentía, ni el odio con la autoridad. Su responsabilidad es no permitir que nadie lo convierta en espectador de una pelea entre políticos que buscan despertar sus emociones, mientras dejan en segundo plano los problemas que es absolutamente necesario resolver.

Sin que suene grosero, deberían impedir ser convertidos en idiotas útiles y empezar a preguntarse qué proponen los precandidatos, cómo lo van a financiar, cuáles son sus prioridades, qué resultados esperan alcanzar, cómo van a rendir cuentas y, sobre todo, de qué manera sus proyectos contribuirán a mejorar la calidad de vida de sus eventuales gobernados.

La felicidad de una comunidad no se garantiza con discursos de venganza ni con enemigos políticos: se construye con oportunidades, con seguridad, con educación, con salud, con empleo digno, con vivienda, con sana convivencia y con respeto por la dignidad humana.

La democracia necesita ciudadanos que piensen, que comparen, que pregunten y que decidan libremente. Ciudadanos que no entreguen su voto al primero que les despierte la rabia, sino a quien les presente razones, compromisos y soluciones que puedan evaluar.

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Entonces, las elecciones territoriales que se avecinan deben ser la gran oportunidad de dejar de ser los idiotas útiles de que se han aprovechado los políticos egoístas e irresponsables y asumir como los ciudadanos que ya no se dejan arrastrar por la emoción violenta y hacen más uso de la razón crítica, exigiendo a los aspirantes que enarbolen menos odio y más ideas.

En octubre de 2027, que no sean el odio ni la intimidación los que orienten las decisiones. Que sean las propuestas, la sensatez y el interés general.

¡Que la política deje de alimentar las confrontaciones y vuelva a ocuparse de lo verdaderamente importante: la gente y su derecho a vivir mejor!

No elija a quien mejor le enseñe a odiar a su contrario. Evalúe a quien mejor le explique cómo contribuirá a su bienestar y al de su comunidad.