Bruce Mac Master, expresidente de la ANDI.

Después de más de 13 años al frente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia -ANDI-, Bruce Mac Master anunció su renuncia en medio de una creciente tensión con el Gobierno de Abelardo de la Espriella. En su carta de despedida habló de “múltiples presiones” que afectaron la capacidad de la ANDI para actuar con libertad y autonomía. Aunque no señaló directamente al Presidente como responsable, su salida abrió nuevamente el debate sobre la independencia de los gremios frente al poder político.

Renunció este jueves, primero de octubre de 2026, mediante una extensa comunicación dirigida a la Junta de Dirección General, a los afiliados, colaboradores de la organización y a la opinión pública.

“No ha sido una decisión sencilla”, reconoció el dirigente empresarial al comienzo de una carta en la que hizo un balance de su gestión y explicó las razones de su retiro.

Pero fue al referirse a las últimas semanas cuando apareció el elemento que explica el contexto de su decisión: Mac Master aseguró que se presentaron “circunstancias inesperadas y preocupantes” que hicieron particularmente complejo el entorno de la Asociación y que tuvieron potenciales efectos sobre sus afiliados y funcionarios. Y afirmó que “múltiples presiones” afectaron la capacidad de la ANDI para actuar libremente y cumplir sus funciones con autonomía.

No identificó públicamente el origen de esas presiones ni señaló de manera directa al presidente Abelardo de la Espriella. Sin embargo, la renuncia se produce después de varias semanas de tensión entre el principal gremio empresarial del País y el nuevo Gobierno nacional. Distintos medios han reportado un deterioro de la relación y versiones sobre un supuesto veto del Ejecutivo a Mac Master.

La carta de Bruce Mac Master permite entender que su decisión no fue presentada como una renuncia motivada por cansancio, diferencias personales o el simple deseo de cerrar una etapa profesional. Por el contrario, el dirigente sostiene que durante las últimas semanas procuró, junto con la Junta de Dirección General y su Mesa Directiva, encontrar una salida institucional a las dificultades.

Según relata, se intentaron mantener abiertos los canales de interlocución con el Gobierno y preservar la independencia, la autonomía y el lugar institucional de la ANDI. Pero no funcionó.

“Lo intentamos y no tuvimos éxito”, escribió.

Mac Master explica que su primera responsabilidad estaba con la ANDI, sus afiliados y sus colaboradores. Por eso, concluyó que su permanencia no podía convertirse en un factor que terminara afectando a la institución o a quienes hacen parte de ella.

Su salida, entonces, es presentada como una decisión orientada a proteger al gremio.

“Si mi retiro contribuye a proteger a la institución y a facilitar que pueda continuar desarrollando plenamente su misión, debo dar este paso”, señaló.

Pero la controversia trasciende el nombre de Bruce Mac Master.

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Lo que queda planteado es una discusión de mayor alcance: ¿cuál debe ser la relación entre el Gobierno y los gremios económicos en una democracia?

Un gremio empresarial no es un partido político ni una dependencia del Gobierno. Su función consiste, precisamente, en representar los intereses de sus afiliados ante el Estado y ante la sociedad. Eso supone interlocución, diálogo, concertación y, cuando corresponda, coincidencia con las políticas públicas.

Pero también supone la posibilidad de disentir. La independencia gremial pierde sentido si la interlocución con el Gobierno depende de la coincidencia absoluta con las posiciones del Ejecutivo.

Y ese es justamente uno de los aspectos que diversos sectores políticos han puesto sobre la mesa tras la salida de Mac Master.

El senador Andrés Forero, del Centro Democrático, sostuvo que con la renuncia “no gana el Gobierno y sí pierde la institucionalidad y la democracia”, y defendió la autonomía de las organizaciones empresariales.

La discusión resulta particularmente significativa porque la crítica no proviene exclusivamente de sectores opositores al Gobierno.

La tesis planteada por algunos críticos es más sencilla: lo que no estaba bien cuando lo hacía un gobierno de otra orientación política tampoco debería estar bien cuando lo hace un gobierno ideológicamente diferente.

La autonomía institucional no debería depender del color político de quien gobierna.

Bruce Mac Master incorporó en su carta una reflexión que trasciende la coyuntura de la ANDI. Recordó que Colombia necesita instituciones fuertes y trabajo armónico, pero agregó que son indispensables los “pesos y contrapesos” que aseguren los límites que protegen la democracia.

También reivindicó la autonomía de las instituciones y los espacios desde los cuales ciudadanos y organizaciones pueden expresar sus posiciones y participar en la conversación pública.

Y dejó una definición particularmente importante sobre el papel de los gremios: habló de una actividad gremial “íntegra, independiente, desprovista de agendas paralelas y acorde con las responsabilidades que la sociedad le otorga”.

Porque si los gremios son convertidos en extensiones del poder político, dejan de cumplir, precisamente, la función para la cual existen.

Pero también hay que hacer una precisión periodística indispensable: la carta no afirma que el presidente Abelardo de la Espriella haya ordenado la salida de Mac Master ni dice expresamente que las presiones mencionadas provengan de la Casa de Nariño.

Esa interpretación ha circulado en medios y sectores políticos, pero debe diferenciarse de lo que efectivamente dijo el propio dirigente empresarial.

La salida de Mac Master se produce después de una serie de episodios que han sido interpretados como señales de distanciamiento entre la administración de De la Espriella y la ANDI.

La Silla Vacía reportó versiones sobre un supuesto veto del Gobierno al dirigente gremial y señaló que empresarios consultados percibían la situación como una prueba para la autonomía de los gremios. También recogió la explicación del ministro del Interior, Rodrigo Lara, quien sostuvo que se trataba de una decisión autónoma del gremio y que las organizaciones empresariales constituyen espacios de interlocución con el Gobierno.

Otros medios han informado sobre la existencia de tensiones y sobre la percepción de sectores empresariales frente a la relación entre el Ejecutivo y la ANDI.

Son elementos que hacen parte del contexto de la renuncia, pero no deben confundirse con una prueba concluyente sobre las motivaciones o responsables de la salida.

Mac Master deja una frase que, quizá, termine siendo una de las más importantes de su carta: “La ANDI es mucho más grande que cualquiera de las personas que temporalmente hemos tenido el privilegio de liderarla”.

Y expresa una expectativa concreta: que se le permita a la ANDI continuar cumpliendo ese papel “con autonomía e independencia”. Ese será ahora el verdadero desafío.

No se trata simplemente de encontrar un reemplazo para Bruce Mac Master.

Se trata de determinar si la ANDI podrá mantener una relación institucional con el Gobierno basada en el diálogo, pero también en la independencia; en la cooperación, pero también en la posibilidad de disentir; en la defensa de la empresa, pero sin convertirse en instrumento de ningún gobierno.

Porque una democracia saludable no necesita gremios sometidos al poder.

Necesita gremios capaces de dialogar con el poder sin pertenecerle.

Y necesita gobiernos suficientemente seguros de sus propias políticas como para aceptar que la sociedad civil, los empresarios, los trabajadores, los medios de comunicación y las organizaciones gremiales puedan estar de acuerdo unas veces y discrepar otras.

La salida de Bruce Mac Master deja, por ahora, una pregunta abierta:

¿estamos ante una crisis particular entre un Gobierno y un dirigente gremial o ante una discusión más profunda sobre los límites que deben existir entre el poder político y la representación de los intereses económicos de la sociedad?

La respuesta no estará solamente en quién ocupe la Presidencia de la ANDI.

Estará en la autonomía con la que pueda ejercerla.