Cuando la política deja de enseñar a pensar, empieza a enseñar a odiar. La política en Colombia se mueve con pasiones fuertes y violentas. En un país con una triste historia de violencia, de corrupción, de bandas y carteles y de inseguridad ciudadana severa, usar el odio, el miedo y la indignación por encima de las ideas y la argumentación, se ha vuelto lo cotidiano. Los partidos políticos de más poder en Colombia enseñan el ODIO como una doctrina obligatoria. Y así, están construyendo la Republica del Odio.
El promedio de las encuestas disponibles ubica a tres candidaturas con opción real de competir por la primera magistratura. Pero a estas alturas del debate con desasosiego vemos que estamos inmersos en untúnel oscuro, puesto que ninguna de esas candidaturas tiene la capacidad de irradiar luz de esperanza.