Consciente de que pronosticar un resultado electoral como el del próximo domingo, 31 de mayo de 2026, no es responsable porque, entre otras, estaría extendiendo una invitación al criticado “voto útil”, confieso que me pudo más la curiosidad y la tentación de poner a prueba la Inteligencia Artificial -IA-. Desoyendo, incluso, el llamado del Papa León XIV en su encíclica “Magnífica Humanitas”, dándole el poder a la IA de predecir por encima del análisis humano en un ejercicio de alta filigrana política, le pregunté y me respondió, con base en los resultados de las diferentes encuestas y en el mapa electoral extremadamente polarizado.

La primera respuesta es que no habrá elección inmediata: ningún candidato logrará el 50% + 1 de los votos válidos necesarios para ganar en primera vuelta. Aunque el candidato oficialista, Iván Cepeda, lidera la intención de voto, la fragmentación de las fuerzas y el fenómeno de la dispersión del voto impiden que se consolide una mayoría absoluta el próximo domingo.  Así que Colombia está abocada a una segunda vuelta presidencial, la cual se disputará el 21 de junio.

A partir del análisis ponderado de los estudios demográficos, la dinámica de los cierres de campaña, el comportamiento histórico del electorado, el clima político, la capacidad territorial y las narrativas de campaña, el resultado proyectado para las cinco primeras posiciones se estructura de la siguiente manera: Iván Cepeda (entre 35% y 39%), Abelardo de la Espriella (entre 29% y 33%), Paloma Valencia (entre 11% y 15%), Sergio Fajardo (entre 7% y 10%) y Claudia López (entre 4% y 7%).

El Candidato del Pacto Histórico asegura su paso al balotaje gracias a la solidez de su base. La fidelización del voto gubernamental también ha permitido que Cepeda canalice de forma casi matemática el porcentaje de aprobación de la gestión del presidente Gustavo Petro (que ronda el 45%). Respecto de la Estructura territorial, cuenta con la maquinaria unificada del oficialismo y una fuerte presencia en regiones históricamente afines como el Pacífico, Bogotá y la Costa Caribe. Su estrategia de no desgastarse en debates masivos y concentrarse en las plazas le permitió asegurar su voto duro sin arriesgar el techo.

Abelardo de la Espriella es el fenómeno de aceleración de la última fase de la campaña: las mediciones de mayo reflejan un crecimiento de más de 10 puntos respecto del mes anterior, ubicándolo con un piso del 27,5% (Guarumo) y un techo del 31,6% (Invamer). El voto «secreto» o penalizado evidenció un fuerte caudal de «voto vergonzante» o no declarado en las encuestas telefónicas tradicionales. Con su discurso de mano dura logró capitalizar el descontento frente a los problemas de seguridad y orden público del País, atrayendo a sectores de la derecha que buscan una postura más radical y disruptiva. Su narrativa confrontacional debilitó las opciones de centro.

La senadora Paloma Valencia mantuvo una campaña programática fuerte, moviéndose entre el 21,7% y el 27,9% en diferentes mediciones, pero sufrió el desgaste de la división del voto de la derecha en el tramo final. Gran parte del electorado que inicialmente se inclinaba por Valencia migró hacia De la Espriella en las últimas dos semanas bajo la lógica del «voto útil» para asegurar un contrincante de choque contra el oficialismo. Aunque fuerte en el Eje Cafetero y Centro-Oriente, Valencia registró los mayores niveles de resistencia en los segmentos de votantes más jóvenes (18-25 años), lo que limitó su crecimiento orgánico en el cierre.

La fragmentación entre Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia le abrió una autopista al candidato de izquierda. Aunque De la Espriella terminó creciendo con mucha fuerza, el tiempo probablemente no le alcanzó para absorber completamente el voto opositor.

Sergio Fajardo y Claudia López (cuarto y quinto lugar, y figuras del espectro del centro y la centroizquierda alternativa, respectivamente), quedan relegadas a porcentajes de un solo dígito. En un escenario extremadamente polarizado, donde el debate se redujo a la continuidad del proyecto político actual frente al regreso de la derecha tradicional, el espacio para posturas moderadas o de terceras vías se contrajo al mínimo. Su relevancia de cara al futuro inmediato dependerá exclusivamente de su capacidad de negociación como «cabrillas» o endosantes de votos para el balotaje de junio.

El verdadero misterio que dejan las urnas este domingo no es quién gana la primera vuelta —donde Iván Cepeda tiene la primera opción— sino el tamaño de la brecha. Si Cepeda supera el 42% y la diferencia con el segundo es amplia, llegará con un impulso psicológico fuerte para negociar con los sectores alternativos. Sin embargo, si la suma de los candidatos de la oposición (De la Espriella + Valencia) supera holgadamente el 50%, la segunda vuelta planteará un escenario de alta incertidumbre, donde el voto de rechazo y la coalición anti-oficialismo definirán la Presidencia.

Insisto: ésta es la predicción de la IA. Pero recurriendo a las respuestas que nos han dado algunos politólogos en ClickCracia y Sinergia Informativa de ElCanal.co y Cableplus Televisión, la IA no ha tenido que esforzarse más allá de la lógica humana, con la que hemos acompañado este proceso desde antes y después del 8 de marzo pasado.