Por: Pedro Juan González Carvajal
El símbolo A. de C. se ha entendido universalmente como “Antes de Cristo”.
Sin embargo, para el continente americano y especialmente para los territorios conquistados y colonizados por España, esta expresión debería significar con toda la fuerza argumental, “Antes de Colón”, ya que nuestro proceso de descubrimiento, acontecimiento magno del Renacimiento y experiencia asociada con el Humanismo y la Modernidad occidental, significa más un punto de partida que un punto de continuidad entre la historia Europea y los rastros culturales -que no historia-, de los grandes pueblos hispano americanos: Los Aztecas, los Mayas y los Incas.
Y es que la historia está, quiérase que no, atada a los distintos tipos de escritura. Por eso algunos historiadores sostienen que “La historia comienza allí donde los monumentos empiezan a ser inteligibles, allí donde se nos ofrecen datos escritos dignos de confianza”.
Nuestros pueblos ancestrales, por omisión o por acciones vandálicas de los conquistadores y curas españoles, no dejaron rastros escritos de su trasegar a través del tiempo por estas latitudes.
Nuestro vacío histórico se ha querido sobrellevar con la denominación de lo Precolombino o lo que significa, “lo existente antes de Colón”, lo que parece más un cuarto de San Alejo lleno de leyendas, de ruinas, de relatos atemporales que no pueden ser considerados como “datos históricos” formales.
Lamentablemente mientras Colón llegaba por estas tierras, en Europa estaba cayendo, gracias al Renacimiento, el antiguo modelo de la Edad Media y apenas aparecían los primeros destellos de lo que se llamaría Humanismo, Ilustración y luego Modernidad, sin que hubiera muerto del todo lo anterior y naciera del todo lo nuevo.
Como circunstancia retardataria en términos de desarrollo conceptual, a estas nuevas tierras llegaban las viejas ideas, consolidadas durante el proceso de la colonia que siguió a la conquista y de ahí que a partir de un punto cronológico de arranque o de partida, el año 1.492 -Después de Cristo-, nosotros iniciáramos nuestra nueva o naciente historia hace 500 años sin tener en cuenta los 3 o 4 mil años previos de la historia Europea u Occidental.
En medio de las crisis monárquicas Europeas, de las nacientes Repúblicas y del auge posterior de los Nacionalismos, en estas tierras el concepto de Revolución se manejaba como un concepto cotidiano que encerraba la postura moral de reemplazar a los poderes vigentes por otros que tenían la razón en casi todo, y así sucesivamente hasta que el conflicto y el uso de la fuerza comenzaron a ser parte de nuestro paisaje natural, dando, si no origen, sí fuerza a nuestra violencia consuetudinaria y endémica.
De todo esto quedaban referentes como los siguientes: de Quito las Catedrales, de Santa Fe de Bogotá las Universidades y de Caracas los Cuarteles.
Liderazgos que defendían y se respaldaban en posiciones religiosas dogmáticas, aniquilación moral del contendor y supresión de los valores más elementales nos han acompañado desde las Guerras Civiles fratricidas entre Centralistas y Descentralistas, entre Caudillos de Partidos, entre el Partido Liberal y el Partido Conservador, hasta llegar a la generalización del fenómeno de la Violencia fomentada por unos y luego tratada de frenar por los mismos que la acrecentaron, pasando por un Golpe Militar, abriéndole paso al Frente Nacional hasta llegar al desgaste máximo de las ideologías y de los Partidos Políticos que decían enarbolarlas y defenderlas.
Este año cumplo 69 años y desde que estaba en la cuna no oigo hablar de otras cosas que, de violencia, conflictos, guerrillas, paramilitares, narcotraficantes, terrorismo, masacres, desplazamientos, secuestros, extorsiones, asesinatos, magnicidios, genocidios, impunidad y corrupción, por no mencionar sino algunos de nuestros más sonados males, incorporándose recientemente el concepto de Disidencias.
Resulta por lo menos desalentador que en este momento histórico de la Globalización y de la Inteligencia Artificial que Colombia sea el único país de América que todavía esté hablando de guerrilla y que el tema central de la contienda electoral que vivimos sea la inseguridad, después de casi 200 años como República Independiente (?).
Hay que ser muy ingenuo o demasiado optimista para no considerar que estamos ante un proyecto de sociedad fallido.
Sigamos entonces, tozudamente, testarudamente, obcecadamente, persistentemente, empecinadamente, tesoneramente, tercamente, obstinadamente, porfiadamente, insistentemente, remando contra corriente hasta que nuestras fuerzas o nuestras ganas se extingan.
¡Todo por Colombia, nada contra Colombia!
































