Henry Horacio Chaves P.

No lo conozco. Nunca he hablado con él ni tengo idea de qué tan cercanos o lejanos sean nuestros puntos de vista sobre la política, la vida o el amor. Tampoco me importa. No he encontrado mayores datos sobre qué tan buen gobernador fue en el Meta, pero creo no debió ser malo porque entiendo que dos veces ocupó esa posición. En lo poco que he encontrado sobre él, parece que es un hombre que se gana el cariño de la gente y que en su llanera tierra ha encontrado arraigo entre la gente.  

 

Escasamente había escuchado su nombre sonoro hasta que un fatídico 15 de julio la guerrilla de las Farc lo secuestró, en un hecho que además generaba la vergüenza nacional: fue bajado de un vehículo de Naciones Unidas, en contravía de los más elementales principios del derecho internacional y a pesar de los reclamos y las súplicas de quienes venían con él de inaugurar un puente, una obra que simbolizaba un proceso de reconciliación.  

 

Las Farc dijeron entonces que no entendían como "algo tan sencillo y elemental como la inauguración de un puente" fuera considerado un acto de paz por parte de la ONU. Yo entiendo que ellos no entiendan, porque en su lógica está dinamitar los puentes no construirlos para que pase la gente y el progreso pueda andar y las ideas vayan de aquí a allá. También dijeron en el comunicado en el que reconocieron el plagio, una semana después de ocurrido, que el ex gobernador era "ampliamente conocido por sus vínculos con los grupos paramilitares que operan en el Meta" y otra vez insistieron en no entender por qué la ONU comprometía su neutralidad transportándolo en su vehículo. Con el cinismo que les es propio, los miembros del Secretariado que firman el documento anunciaron un "juicio popular" para el doctor Jara.  

 

Pues bien, tras leer la desgarradora historia de Luis Eladio Pérez quedo convencido de que al ex gobernador Jara no le hicieron nunca ningún juicio y seguramente tampoco le han permitido debatir ninguna idea. Como en otras oportunidades, los señalamientos del comunicado buscaban desviar la atención y aminorar el impacto internacional que en el momento podría tener la interceptación de un vehículo de ONU marcado y en misión de paz. Desviar la atención al tiempo que se hacían a un nuevo cautivo, a una nueva mercancía para presionar. 

 

 Han pasado más de siete años desde entonces. El nombre de Alan Jara, que antes apenas había escuchado, se ha vuelto familiar para mí y para los colombianos. El drama de su esposa Claudia Rugeles y su hijo Alan Felipe, es el de quienes no somos capaces de entender esa lógica perversa de convertir a la gente en pieza de negociación y someterla a prácticas humillantes y de física animalización. Ahora sé que es un hombre muy inteligente, que estudió en Kiev y que siempre fue reconocido por su capacidad intelectual y su buen comportamiento. También sé que en la selva colombiana ha sido profesor de ruso e inglés para quienes han querido aprender, sin importar si son cautivos o secuestradores. También profesor de juegos de cartas y seguramente conductor de sueños de libertad, propios y ajenos.  

 

Repito que nunca he hablado con Alan Jara Urzola, pero me duele su prolongado secuestro. Como me duele el cautiverio de Pablo Emilio Moncayo y el de Sigifredo López y el de tantos otros que no conozco ni me hace falta conocer para reclamar su libertad. Por eso, por nuestro dolor, por el de sus familiares; por la pena de vivir en una sociedad en la que es posible que eso ocurra; por el derecho que tienen nuestros hijos a que jamás les toque algo semejante; porque nada, nada, justifica un secuestro, creo que hay que volver a marchar este viernes.  

 

El viernes 28 de noviembre, como lo propuso Ingrid Betancourt, y cuantas veces haga falta para que los secuestrados sepan que no están solos, que los recordamos aunque no los conozcamos; y para que la guerrilla no se haga ilusiones interpretando en nuestro silencio un hálito de complicidad.