Por: Rodrigo Pareja
Los días 9 y 10 de octubre próximos, en la antesala del encuentro Bolivia-Colombia por las eliminatorias hacia el mundial de Brasil 2014, el periódico Los Tiempos, de La Paz, tendría un titular más o menos de este tenor:”A esconderse mujeres que llegó “El Bolillo”.
Su colega El Nacional no se quedaría atrás y titulará así: “Llegó Colombia con el maltratador “Bolillo” al frente”, en tanto que otro periódico paceño, La Razón, aprovechando el “papayaso”, informaría así a sus lectores: “Con el guapetón “Bolillo” al mando arribaron los “cafeteros”.
Es decir, habría una generosa mano de buena prensa, de consideraciones y de atenciones para Colombia, por culpa del ciudadano Hernán Darío Gómez, más no del entrenador que en la noche del sábado 6 de agosto, dejó esa categoría en su residencia junto a su esposa, y se fue a beber y a bailar como un humilde y anónimo parroquiano.
Eso por lo menos sostenían él y quienes en la anodina Federación Colombiana de Fútbol avalan su repudiable comportamiento, el cual según estos desvergonzados y desatinados personajes no comprometía al entrenador y principal responsable de la selección de Colombia.
Es como si el rector de un establecimiento aprueba que el profesor de geografía obre mal en la calle y se comporte como cualquier rufián, mientras no tenga dicho comportamiento en el establecimiento educativo.
Bonita y ejemplar manera de entender la actitud de un personaje público que por el sólo hecho de serlo, está más comprometido que nadie a guardar compostura y a servir de guía y ejemplo para muchos, especialmente para los jóvenes, tratándose de alguien vinculado a un deporte de multitudes como es el fútbol.
La cantinela y sorna que desde ahora se adivina pondrían en práctica los periódicos de La Paz sería la misma que emplearían los demás rotativos del continente cada vez que la escuadra colombiana llegara a disputar encuentros por las eliminatorias del próximo campeonato mundial en Brasil.
Porque una cosa sí es clara: cuando se trata de ridiculizar y menospreciar al contrario o a los de afuera, los periodistas deportivos esgrimen todas sus armas y no se paran en pelos para atacar y denostar; no ocurre lo mismo si se trata de aplicar un riguroso auto examen con lo propio, pues allí es cuando surge el compadrazgo, el amiguismo, la laxitud y hasta la complicidad con lo condenable.
Era lo que se había visto hasta ahora en el caso del “bolillo” Gómez, hasta el extremo inaudito de un periodista que justificó el salvaje ataque a la mujer, al señalar que algo debió haberle dicho al entrenador para que éste respondiera así. Es decir, justificó lo injustificable.
A pesar de su renuncia, más fácil le quedará al irascible y patán “bolillo” justificarse ante su esposa e hijos, que quitarse el sambenito de maltratador que ya se colgó para eterna memoria, haciéndole de paso un grave daño a Colombia y a su selección.