Por: Alfaro García
Desde la década de los años 90 del siglo pasado, como consecuencia de los cambios ambientales que viene ocasionando el calentamiento global, hemos venido escuchando frecuentemente la expresión “Desarrollo Sostenible” o “Desarrollo Sustentable”. Su definición está relacionada, básicamente, con la utilización de los recursos naturales para el desarrollo, pero sin comprometer el futuro de las nuevas generaciones con la contaminación y la degradación ambiental.
Sin embargo, la “sostenibilidad” tiende a ser difusa en su concepción programática de las políticas gubernamentales, porque el término puede referirse a “sostenibilidad del sistema humano”, “sostenibilidad del sistema económico” o “sostenibilidad del sistema ecológico”. ¿A cuál “sostenibilidad” se refiere?
Muchos señalan que es más importante la “sostenibilidad del sistema ecológico”, por la lógica del origen de la expresión. Pero en la realidad todos los “sistemas” están interrelacionados entre sí, porque se afectan recíprocamente (lo económico, lo político, lo social, lo ecológico y, por supuesto, lo humano).
Además, muchos creen que la sostenibilidad consiste en alcanzar un sistema sin ninguna variación en el tiempo, con resultados fijos y separación de zonas vírgenes que jamás serán tocadas.
En realidad, la palabra “desarrollo” significa “cambio y crecimiento”. Y la ética para el desarrollo y la sostenibilidad está fundamentada en los siguientes principios:
– Justicia intergeneracional: compensar a las generaciones futuras con recursos naturales
– Equidad intergeneracional: disponibilidad de recursos naturales similares entre las generaciones presentes y las nuevas generaciones
– Diversidad biológica: conservar y proteger las especies de los ecosistemas
No obstante, el reto de los gobiernos, empresas y ciudadanos es formular un Desarrollo Sostenible integrando los intereses económicos (explotación minera, expansión agrícola, producción de madera, ganadería extensiva, contaminación: industrial, vehicular) con los intereses ecológicos y ambientales adaptando el sistema social, económico y ecológico.
La sociedad moderna, en especial nuestros gobiernos, deberían tener en cuenta los principios y la ética para el desarrollo y la sostenibilidad a la hora de poner en marcha sus proyectos. No pueden, con el pretexto del crecimiento económico, contrariar el desarrollo social. No pueden, bajo el prurito de la urgencia de generar empleo, por ejemplo, permitir la destrucción de selvas y humedales.
Aumentar la producción agrícola o agroindustrial para la exportación y la generación de miles de empleos, no justifica la degradación del medio ambiente. El desconocimiento del “Desarrollo Sostenible” en su acepción general y socialmente aceptada, es el que pone a muchos a hablar de crecimiento económico sin tener en cuenta que las consecuencias no se reparan en menos de 50 años. Desconocen que la recuperación ambiental no se logra en unos cuantos años; demanda varias décadas.