Por: Alfaro García

“El sistema colombiano tiene sólo 726 kilómetros de dobles calzadas y muy pocas cuentan con especificaciones internacionales”. Salomón Kalmanovitz

Colombia y Antioquia tienen un evidente atraso en vías. Especialmente en dobles calzadas, nuestra región sólo cuenta con una corta conexión en el Aburra Norte, en Las Palmas y en la Autopista Medellín – Bogotá. Eso es todo. Este atraso es la razón por la cual somos menos productivos y menos competitivos en comparación con otras regiones latinoamericanas.

Conscientes de esta carencia, desde hace años se vienen impulsando en Colombia mega obras como las dobles calzadas, que, lamentablemente, se han quedado en meros proyectos debido a la ineficiencia de los contratistas, y en el peor de los casos, a la corrupción. El resultado es el precario desarrollo del país en infraestructura física.

Algunos expertos señalan que estamos atrasados en kilómetros de dobles calzadas, y que estamos por debajo de México, Argentina, Brasil y hasta Bolivia.

 

Esta realidad nos lleva a preguntarnos, ¿cómo vamos hacer, entonces, para ser competitivos frente a los Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea? Sin infraestructura vial no es posible reducir los costos de transporte. La escasa conectividad y las dificultades de movilidad de nuestra producción, no nos permiten ser eficaces frente al comercio exterior.

No obstante la claridad de este diagnóstico, en Colombia no existen políticas públicas frente a la infraestructura vial que garanticen transparencia y eficiencia en la contratación y, en consecuencia, seguridad en la ejecución de las llamadas grandes obras.

Según el Diario Portafolio, Colombia ocupa el puesto 101 en infraestructura, entre 139 países. A nivel regional, ocupamos el puesto 14, entre 19 países latinoamericanos. Esta medición refleja lo que sucede en el desarrollo vial del país.

En Antioquia tenemos ideas para la competitividad y la productividad regional y nacional, pero el Departamento de Antioquia y sus municipios no tienen capacidad presupuestal para asignar recursos para las obras de infraestructura.

Lo cierto es que falta compromiso presupuestal del Gobierno Nacional para asignar partidas del Presupuesto General de la Nación para la construcción de las dobles calzadas Barbosa – Cisneros – Puerto Berrio; Marinilla – Puerto Salgar; Medellín – Turbo; Hatillo – Caucasia; Ancón – La Pintada – Manizales.

Igualmente escasea el presupuesto para la terminación de la pavimentación de la Trocal de la Paz (Vegachí – Zaragoza y Remedios – Puerto Berrío) y la vía Puerto Valdivia – Santa Fe de Antioquia.

En similares condiciones está la construcción del Puerto de Urabá y el Túnel de Oriente.

Pese a la necesidad sentida de sacar adelante estas mega obras, no han podido ser terminadas en los últimos tres períodos de gobernadores y de presidentes. A diferencia de otros países de América y de Europa, Colombia necesita varios períodos de gobierno para ejecutar sus proyectos viales, por las siguientes razones:

– Ineficiencia del contratista para ejecutar la obra en el cronograma establecido
– Corrupción en la contratación pública y en la interventoría de los proyectos
– Elaboración de malos diseños y de los estudios previos de los proyectos que terminan en demandas contra el Estado

– Sobrecostos de los proyectos (reales o ficticios)

En conclusión, son varias las razones que no nos permiten contar con la infraestructura vial necesaria para ser competitivos frente a retos como los TLC.

Pero nos queda en claro que muchas de las grandes obras necesarias, se pueden realizar mediante el sistema de concesiones, con la participación de empresas nacionales e internacionales que las pueden desarrollar, pese a la carencia de presupuesto público. Así lo han hecho muchos de los países que hoy nos llevan miles de kilómetros en dobles calzadas.

La esperanza es que la década 2011 – 2020 que estamos cursando, no se pierda para el desarrollo de la infraestructura del transporte y para el sueño de convertirnos en una verdadera potencia comercial.