Romualdo Gil Conchacala nació donde la montaña piensa y la palabra tiene espíritu, tradición e historia: nació en la comunidad Wiwa, en la Sierra Nevada de Santa Marta, un territorio donde el conocimiento no se escribe en libros, sino que habita en la memoria transmitida de generación en generación a través de la escucha de los ancestros. Por eso, cuando Romualdo afirma que su ciencia es la cultura, no es una metáfora: habla de su vocación.
Desde pequeño le gustó hablar, contar historias, relacionarse con los demás y compartir con personas tanto de su comunidad como de otros lugares, gracias al entorno en el que creció. Así despertó su deseo de estudiar algo que tuviera que ver con el ser humano. Buscó respuestas en la Sociología, la Psicología y la Filosofía, pero sentía que ninguna cumplía del todo con lo que él sentía que debía estudiar.
El camino se aclaró cuando conoció el programa de Trabajo Social. Primero supo de una oferta académica virtual gracias a una alianza entre la Universidad del Magdalena y la IU Digital; sin embargo, las restricciones de edad para acceder a la matrícula cero, en ese momento, le impidieron ingresar. Convencido de lo que quería estudiar, buscó la manera de hacerlo con recursos propios para cumplir su sueño, volvió a intentarlo y logró ingresar a la IU Digital, no sólo con el propósito de obtener un título profesional, sino con el deseo de comprender el mundo occidental, sus ciencias humanas, lógicas y también sus contradicciones.

El inicio no fue fácil: en la Sierra nunca había tenido acceso a un computador, no sabía usarlo y tampoco contaba con conexión a internet. Comenzó sus estudios con un celular y con internet prestado por los vecinos. Con paciencia, y algo de pena, fue pidiendo ayuda a quienes en la comunidad sabían de tecnología, para aprender desde lo más básico: encender y apagar el computador, mientras que los docentes de la IUDigital, a través de diversas asesorías y acompañamiento constante, le enseñaron a ingresar a la plataforma para recibir las clases, para realizar los trabajos y ayudarle a entender bien los temas. A esto se sumaban las dificultades técnicas: la señal que se caía con las lluvias intensas y los paneles solares que se recalentaban.
Cuando tenía exámenes, caminaba durante tres horas para bajar de la Sierra y luego tomaba un bus que tardaba cerca de una hora en llegar a Santa Marta. Todo para cumplir con sus responsabilidades académicas. Hubo un momento, quizá en segundo o tercer semestre -no lo recuerda con exactitud- en el que pensó retirarse. Y justo ocurrió algo que aún no sabe cómo explicar: en medio de una conversación, unas palabras se convirtieron en la señal que necesitaba. Alguien le recordó que no estudiaba sólo para él, sino para su comunidad; que podía ser un profesional indígena al servicio de su pueblo. Estas palabras lo hicieron pensar, lloró y al final decidió quedarse.
Poco a poco se fue apropiando del conocimiento. Aprendió a escuchar, a preguntar, a usar la tecnología para sacar adelante sus estudios. Hoy, cuando otros le preguntan cómo lo ha logrado, Romualdo no habla de milagros: habla de dedicación, sacrificio e insistencia, incluso, cuando no hay recursos.
En quinto semestre algo cambio. El estudio dejó de ser sólo una lucha y se convirtió también en una herramienta gracias a que aprendió a formular proyectos, identificar problemas desde una mirada técnica sin perder la dimensión espiritual propia de su cultura, descubrió metodologías, cartografías y formas de organizar todo lo que antes intuía. Entendió que ayudar a su comunidad también exige método, estructura y planeación.
Su sueño es claro: fortalecer la educación intercultural, llevar la educación superior a las comunidades y motivar a los jóvenes a no quedarse quietos, a avanzar sin perder su identidad. Sabe que son cuatro pueblos hermanos: Wiwa, Arhuaco, Kankuamo y Kogui y que todos necesitan acompañamiento académico, emocional y tecnológico.
Romualdo habla con sinceridad de los obstáculos y de cómo los ha superado para estar a punto de culminar su carrera y convertirse en el primer profesional universitario graduado de su comunidad. Recuerda que cada semestre ha tenido que rebuscarse el dinero para pagar la matrícula, pues su padre, cuando él decidió estudiar, fue claro: “Ya estás grande; estudiar es tu responsabilidad”. También subraya la importancia de que las universidades comprendan el territorio: la lluvia, la distancia, las realidades que no existen en la ciudad, como lo ha hecho la IU Digital de Antioquia, permitiendo que estudiantes como él puedan avanzar en su formación.
Su historia no es sólo la de un estudiante indígena en la virtualidad. Es la de un hombre que decidió ir más allá, aprender de otras culturas y otros lenguajes sin renunciar a sus raíces. Un hombre que no busca irse de la Sierra Nevada de Santa Marta, sino permanecer allí con herramientas para trabajar por su comunidad.
Romualdo sabe que la educación con identidad no solo transforma a quien estudia: transforma a todo un pueblo.


























