Dedicar tiempo y espacio a hablar de la mentira en la política en busca de la reflexión ética y de la toma de conciencia para que los políticos no lo hagan y la sociedad lo sancione, parece insulso porque muchos políticos y periodistas no miden el costo ético de mentir, porque es superior la utilidad electoral de hacerlo, y no hay sociedad racional que lo rechace y lo castigue.
La mentira es una distorsión deliberada de la verdad con el propósito de inducir a error a otro. Mentir no es simplemente equivocarse, ignorar un hecho o interpretar distinto una realidad: mentir implica tener la conciencia de que lo dicho no corresponde a la verdad y, aun así, comunicarlo como si fuera cierto.