La visita del senador y precandidato presidencial, Iván Cepeda Castro, a Medellín, este sábado, 28 de marzo de 2026, volvió a encender la controversia política en Antioquia, en medio de un debate que combina memoria histórica, libertad de expresión y sensibilidad regional en plena antesala a elecciones presidenciales del 31 de mayo de 2026.
El origen de la nueva polémica se remonta a un discurso pronunciado el 12 de febrero en el Parque de Berrío de Medellín, en el que Cepeda, al presentar su programa de gobierno “Poder de la verdad 2026-2030”, hizo referencias a la historia reciente del Departamento, calificándolo como escenario de fenómenos como la parapolítica, la narcoeconomía y el terrorismo de Estado. Estas afirmaciones generaron un amplio rechazo en distintos sectores políticos, sociales y económicos de la Región.
Entre las voces críticas sobre el nuevo discurso de Iván Cepeda, esta vez pronunciado en el Parque de San Antonio, se destacó la de la senadora y candidata a la Presidencia, Paloma Valencia, quien expresó que en Antioquia existe “mucha indignación” frente a lo que calificó como “palabras siempre ofensivas” del senador Cepeda. Valencia defendió el carácter de la Región como “una tierra que ha defendido la libertad” y recordó el impacto de la violencia ejercida por las guerrillas de izquierda, particularmente las Farc.
En la misma línea, el exgobernador de Antioquia, Aníbal Gaviria Correa, manifestó que las declaraciones de Cepeda “duelen” y generan rechazo, al considerar que reflejan “animadversión” contra Antioquia y una supuesta intención de distorsionar la historia. Gaviria evocó, además, el asesinato de su hermano Guillermo Gaviria, y de Gilberto Echeverri Mejía, ocurrido en 2003 mientras lideraban una iniciativa de “no violencia”, crimen atribuido a las Farc.
Por su parte, Cepeda defendió el sentido de sus palabras y cuestionó a sus detractores. Recordó que sus declaraciones del 12 de febrero fueron “perversamente descontextualizadas” por dirigentes locales y sectores políticos afines al uribismo, incluyendo al Alcalde de Medellín y al Gobernador de Antioquia. Y en sus declaraciones de este 28 de marzo, insistió en que no tiene intención de retractarse: “No vengo a arrepentirme ni a rectificar lo que dije (…) por el contrario, vengo a reafirmarlo”.
El precandidato también señaló que su propósito no es estigmatizar a la región, sino resaltar la resiliencia de sus habitantes y promover un debate basado en la verdad histórica. En ese sentido, denunció lo que denominó “negacionismo de la extrema derecha” y afirmó que la búsqueda de la verdad debe ser la base de la reconciliación nacional.
Para mayor contexto, es importante recordar que el Juzgado 18 Civil del Circuito de Oralidad de Medellín emitió el pasado 25 de marzo la Sentencia de Tutela No. 108, mediante la cual negó una acción interpuesta contra Cepeda por presunta vulneración de derechos fundamentales como la honra y el buen nombre, en su discurso del 12 de febrero.
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De acuerdo con la decisión, las declaraciones del Candidato se encuentran amparadas por la libertad de expresión, especialmente en el contexto del debate político. El juez consideró que las afirmaciones no eran infundadas ni constituían ataques directos contra los habitantes de Antioquia, sino que guardaban relación con fenómenos históricos documentados, como el surgimiento del paramilitarismo vinculado al narcotráfico en las décadas de 1980 y 1990.
El fallo reafirma así el estándar constitucional según el cual las expresiones en escenarios políticos gozan de una protección reforzada, siempre que no incurran en falsedades o afectaciones desproporcionadas a derechos individuales.
El episodio se inscribe en un clima electoral marcado por narrativas confrontadas sobre la historia del conflicto armado y las responsabilidades de distintos actores. El debate sigue abierto en el terreno político y simbólico, en el que la memoria, la identidad regional y la interpretación del pasado continúan siendo elementos centrales de la disputa pública, en un país donde la construcción de verdad histórica sigue siendo un desafío fundamental para la reconciliación.






























