Luis Pérez, exalcalde de Medellín y exgobernador de Antioquia.

Por: Luis Pérez Gutiérrez

En Colombia, más del 98% del territorio es rural y menos del 2% es Urbano (IGAC). Aun así, ni existe en Colombia una policía rural que haga presencia de Estado, con identidad, doctrina y formación propias para gobernar en lo rural. El campo son los alimentos. Es el agua. Es el aire fresco. Es la riqueza de un país. Es el medio ambiente. Son los ríos. Las montañas y las llanuras.

Si el Gobierno no hace presencia en el campo, nunca habrá paz ni en lo urbano ni en lo rural. Como el Estado no gobierna en lo rural, permite que en el campo nazcan y florezcan los guerrilleros y sus crímenes; que se formen los paramilitares con sus terrores, sus odios y su violencia; y que nazcan, se reproduzcan y prosperen las bandas delincuenciales más brutales. Guerrilla, Paramilitares y bandas criminales nacen y crecen donde no hay juez, donde no hay policía, donde no hay vías, donde no hay autoridad legítima, donde no hay sspp; donde no hay educación, donde no hay hospitales; donde no hay comunicaciones, donde no hay gobierno, donde no hay Estado.

Donde no hay autoridad, manda el bandido. La guerrilla, los Paramilitares y las bandas criminales conocen el territorio mejor que el Estado. El abandono del campo es dramático. Cerca del 90% de la inversión pública del Estado va para asuntos urbanos y solo cerca del 10% de la inversión del Estado se destina a lo rural.

Colombia tiene Ejército para la guerra, pero no tiene policía para gobernar la vida rural. Una cosa es administrar el conflicto y la guerra y otra muy distinta es gobernar el territorio. La Policía Campesina es para gobernar el territorio. En 50 años de procesos de paz, todo espacio rural que dejan vacío los ilegales, no los retoma el Estado; son ocupados por otros bandidos más violentos e inhumanos. Colombia tiene Organismos de Seguridad que entran al campo a disparar, pero no tiene un Estado que entre al campo a gobernar o a permanecer para construir justicia y paz.

Colombia reclama un Plan Nacional de Soberanía Rural. El problema del campo no son la violencia y la guerra; el problema es el abandono del Estado. El Estado llega al campo con fusil, pero no llega con convivencia ni desarrollo ni autoridad ni justicia social. Llega con “operaciones de guerra” pero no con “presencia de estado”. El campesino termina percibiendo al Estado y al Gobierno, como visitantes armados, que disparan, matan y se van; y no como una institución de gobernanza.

Hay temas modernos y palpitantes para el planeta que reclaman el interés por la policía rural. Los países están “redescubriendo” el tema rural por la complejidad de: minería ilegal; deforestación; tráfico de fauna; narcotráfico rural; control de fronteras; seguridad alimentaria; invasiones de tierra: crimen organizado; seguridad en vías terciarias y rutas agrícolas; protección de hidroeléctricas, oleoductos, parques de energía solar o eólicos. Y más.

La Policía Campesina debe conocer cada vereda, cada trocha, cada productor; debe relacionarse con los lideres sociales de la ruralidad, y con los ciudadanos campesinos. Como no hay gobierno, todo conflicto se convierte en tragedia. La policía rural no es una policía de guerra. Es una policía de presencia, convivencia, prevención y gobernanza.

El campo no necesita guerra, necesita Estado.