Por: Ramón Elejalde Arbeláez
Llega a sus 80 años de vida el jefe liberal Bernardo Guerra Serna, rodeado del reconocimiento de los antioqueños. Un dirigente polémico, socialdemócrata, inteligente, comprometido con su gente y que ha pesado en la vida administrativa y política de Antioquia y de Colombia en los últimos 40 años.
El doctor Bernardo Guerra es una verdadera reivindicación popular, nació en el lejano municipio de Peque, en una familia de labriegos, que tuvieron la visión de darle educación a su hijo en una época en que salir de ese poblado a la ciudad de Medellín era toda una odisea. Guerra cursó sus estudios de bachillerato en Fredonia y en Rionegro, donde desde muy joven demostró sus capacidades de liderazgo y descolló por su inteligencia. Luego se hizo abogado, profesión que nunca ejerció por dedicarse a servirle a su partido y a la militancia de éste.
Constituyó con doña Lucía Hoyos de Guerra un hogar ejemplar el que aumentado con la llegada de sus hijos Juan José, Bernardo Alejandro, Federico y Andrés ha perdurado en épocas donde esto es casi un imposible. Guerra traspasó la jefatura liberal de su pueblo y se hizo líder del Occidente Antioqueño para después dar el salto ¡y de qué manera! al departamento y a todo Colombia. Fue diputado a la Asamblea de Antioquia, donde comenzó a labrar su liderazgo nacional; luego fue representante a la Cámara, concejal de Medellín y de por lo menos 100 municipios antioqueños cuando la Constitución permitía este tipo de elecciones; alcalde de Medellín, tal vez en una de las más brillantes administraciones que la ciudad haya tenido, como que para la época construyó la avenida Jorge Eliécer Gaitán o Avenida Oriental, tan criticada por faraónica en su época y tan útil hoy en una ciudad en crecimiento; fue senador de la República en varios períodos y presidente del Congreso; igualmente se desempeñó como gobernador de Antioquia. Ocasionalmente fue embajador en la OIT y en las Naciones Unidas.
Por la década del 80 consolidó una jefatura liberal reconocida nacionalmente. Su directorio obtuvo votaciones nunca alcanzadas hasta ese momento y eligió casi una veintena de parlamentarios, amén de un número crecido de diputados y de concejales en todo Antioquia. En su fugaz paso por la Gobernación de Antioquia fue elocuente la frase de algún funcionario de Planeación Departamental, oficina donde verdaderamente se mide el trabajo de una administración: “Este señor es un buldócer que nos tiene trabajando hasta altas horas de la noche”.
Durante el año de 1997, cuando se discutía un proyecto de ley que tenía que ver con la carrera administrativa de la Fiscalía General, me visitaron dos funcionarios de esa dependencia que hacían parte de la Comisión que manejaba la carrera de esa entidad, el doctor Rubén Darío Correa y una dama, contadora pública que hacía parte del CTI. Recuerdo una frase de esta última: “Si en este edificio supieran quién soy yo me sacarían. Llevo casi dos años esculcando políticos en el proceso 8.000” después de preguntarme quien era el senador con el cual me habían elegido en fórmula e indicarle que era el doctor Bernardo Guerra me dijo: “No hay político en Colombia que hayamos esculcado tanto como al doctor Guerra. Nada le pudimos encontrar”. Eso corrobora diamantinamente, la percepción que los antioqueños tenemos de Bernardo Guerra, es un político honesto.
En esta etapa de su vida Bernardo Guerra no solamente puede contar con orgullo que sacó al Partido Liberal de los clubes de las oligarquías antioqueñas, sino que se lo entregó al pueblo, a la militancia. Muchos pudimos llegar a las altas dignidades de la democracia por la osadía guerrista. Justos pues los homenajes que está recibiendo el jefe liberal.



























